viernes, 16 de agosto de 2013

Hay varias teorías acerca de la torpeza humana. Pero no voy a decir ninguna. Solo digo que hay varias para dar a entender que las leí, cuando en realidad me pasé todo el día leyendo sobre como castrar osos pandas.
A pesar de ello me pregunto: ¿Por qué unos somos más torpes que otros? Ningún pibe nace torpe, loco. No. Mala alimentación, un entorno desfavorable para el desarrollo motriz, falta de contención psicológica para con el infante. Algo. Algo tiene que haber pasado. 
En mi caso, no recuerdo cuando empezó, pero sé que de bastante chica. Si bien hay una edad donde tendemos a caernos porque nuestra cabeza es muy pesada en relación al resto de nuestro cuerpo; caía sin apoyar los brazos siquiera, simil escobillón. 
Una vez un vecino me contó, mientras afilaba una lanza para ahuyentar a los <Ajenos> (ver más en mi trabajo "La ajeneidad, yo y mi otro yo") que el había sido torpe alguna vez:

"Sí, querida. Aunque no lo creas, fui torpe. Un grandísimo torpe. Y no solo eso: me apodaban "El torpedo" (oooohh). 
En fin, era difícil querida. Muy difícil. Más en esa época donde el título "hombre" se ganaba, no venía de regalo con la pubertad. No, no. Acá la ga-ná-ba-mos, sí señora. A la edad de los 13 años, debíamos caminar sobre la espalda perteneciente a la vieja más loca de la comunidad, sin tropezar. Si lo lográbamos, la anciana te regalaba uno de sus tantos jabalís (los gatos habrían sido vendidos en los psicodélicos años '30 para comprar jabalís; porque son como chanchos pero más flasheros, onda con cuernos y re cebados) . El mío se llamaba "El mesías". Tomá, acá lo tengo embalsamado. Te lo regalo si querés. 
Bueno, cuestión, tuve que aprender a no serlo. Si lo era, perdía el respeto de mis prójimos y dios, no lo permita, no, no, no. No lo permita. No, no. No. No, por dios y los sietes demonios que me han de engendrar. Dios, no." 

"Señor, dejemé irme a mi casa por favor. Recordé que sí tengo azúc...
Vienen los Ajenos, señor, por favor, señor, dejemé ocultarme en su sótano. O deme una lanza. No, mejor dejemé ocultarme en su sótano. Por favor."

A final de cuentas, todo lo que importa es la forma de disimular los tropiezos. Es lo ÚNICO que importa. Salir con estilo.

See y'all, bitches. 

Se llama Moria  y va a estar en la cabecera de mi cama.



martes, 6 de agosto de 2013

Orgullo, combate y sangre

Ese momento horrible que no termina más, espantoso, choto, croto, stop, stop.
Un hastío, un odio carnal hacia la totalidad del universo que me hace apretar los labios y cerrar los puños. Que bronca, loco. Odio caminar atrás de "domingueros".
Porque la vereda es larga y está prácticamente vacía, excepto por ellos. Ahí, paseándose lentamente adelante mío. Arriba mío.
Y me siento una idiota, porque siempre es lo mismo: Los quiero pasar y justo en ese momento hay un cantero con un árbol. Siempre.
"Ey, dejenmé pasar, ey" Y no me escuchan porque me da vergüenza y hablo bajo con voz de viejita moribunda. "Pssst, pe-e-er-mii-soo"
Obviamente, voy a pasarlos y tengo que subirme al cantero, caminar por arriba y pegar un salto para bajar adelante de ellos, puteando por lo bajo.
Ojalá me hayan escuchado, ellos y el árbol. Porque la existencia del árbol fue lo peor de la situación, lo que me hizo dudar de mi misma y Carla no puede dudar de sí misma porque se evapora.
Son los seres más hipócritas de todos. Burlones y vengativos árboles.
De hecho, hay una estadística que afirma que en un año mueren más personas por golpes en la cabeza cuando caen los cocos de la palmeras, que por los tiburones.
In your face, hippies. Abrazando al verdadero asesino. Dándole amor a uno de los mayores enemigos de la raza humana.
Y los pajaritos? Eh?
Los árboles tiran sus débiles nidos y matan a sus bebés. A los pajaritos bebés. Re chiquititos pajaritis bebitis con bonetitos festejando su cumpledía N.3. Abrazando a mamá gorriona, que está acomodando estratégicamente los lugares en la mesa para que no se generen discusiones políticas entre la tía Mónica, partido conservador, y el abuelo Hermendio, feminista pro-aborto.
"Gracias mami por el mejor cumpledía. Te quiero mucho. Soy re felíz. Amo este mundo hermoso. Amo a todos los animales. Aguante ser pajarito. Abuelo dejá ese cuchillo." 
Y <BLAM> cae la rama y masacre. Sangre para todos lados. Huevo revuelto y sangre para todos lados. Game of thrones al lado, no es nada. Todos llegamos a amar a ese pajarito, a pesar de que era un caprichoso insoportable que molestaba a sus compañeritas en el colegio y le pegaba a sus compañeritos más gordos.
Horrible.
Un bajón.
Y no estoy tratando de convencer a nadie de nada acá. Se que tuve un evento desafortunado en el pasado (A los 8 me caí arriba de un cactus), pero eso es completamente ajeno a este planteo.
Es sentido común.
Si alguien se copa, propongo talar algunos; hacer bats de baseball  y pegarles a los no talados (plural de "tarado" en chino) con ellos. Para que aprendan. Es como si te abofetearan con el cadáver de tu vecino Enrique. Ese que sale a la vereda en pantuflas y hace que los perros te caguen la vereda.
Y no tiene nada que ver, pero quiero hacer una mención especial a Diego Torres. Que en los noventa nada más se podía parar poniendo los brazos en diagonal.
Pongo el video también, así lo ven.